¿Que es el Reino de Dios?

Siempre ha sido la intención de Dios de establecer su Reino en la tierra. Un reino es el gobierno de un gobernante supremo sobre una nación o territorio. Por un tiempo, el Reino de Dios existió sobre la tierra en el Jardín del Edén. Allí Dios le dio al primer hombre y la primera mujer dominio y mandamientos para llenar la tierra y someterla de acuerdo a sus instrucciones. Pero, Satanás los persuadió a desobedecer a Dios, lo que resulto en renunciar a su derecho a dominar y termino el gobierno de Dios en la tierra. La tierra y todos los que vivían en ella cayeron bajo el dominio de Satanás y su reinado.

Pero el propósito de Dios no fue frustrado. A través de los tiempos que siguieron, Dios continúo trabajando hacia la restauración de su Reino. Primero con Abraham, Dios estableció una relación con un hombre en el que confiaría y seria obediente a el. Esa confianza y obediencia seria el fundamento para su Reino. En respuesta al compromiso de Abraham Dios prometió que lo haría padre de muchas naciones, de bendecirlo, de hacerlo bendición y darle una tierra. ¿Cuanta tierra iba Dios a darle a Abraham y a sus descendientes? Toda la tierra; ver Romanos 4:13. Luego cuando el reino de Israel fue establecido con David, Dios prometió que uno de sus descendientes continuaría su reinado. Los profetas del antiguo testamento profetizaron la venida del libertador; Isaías dijo, “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término, sobre el trono de David, y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto,” Isaías 9:7.

Así, cuando Jesús vino a escena, proclamo las buenas nuevas del Reino; que el gobierno de Dios desde el cielo estaba por ser restaurado: “Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio,” Marcos 1:15.

Entendemos de la oración del Señor que el Reino de Dios se lleva a cabo cuando su voluntad es hecha en la tierra como en el cielo. Pero para que cualquier persona participe en el Reino de Dios, el o ella debe recibir la semilla de la palabra del Reino (Mateo 13:19) y experimentar el nuevo nacimiento. Jesús dijo en Juan 3:5-7: “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.” Se requiere un nacimiento espiritual, porque la humanidad ha estado espiritualmente muerta desde la caída de Adán.

Este Reino tiene dos componentes: Uno para el presente y el otro es la consumación que esta todavía por venir. Por ahora el Reino de Dios esta entre nosotros, una realidad invisible, como Jesús lo explica en Lucas 17:20,21. El mundo no vera el Reino o lo que esta sucediendo dentro de el, pero pueden ver sus efectos en el mundo y en la vida del pueblo de Dios. Y en esta realidad invisible nosotros los creyentes debemos aprender a operar, si vamos a operar el poder del Reino de Dios en nuestras vidas. Y luego la consumación final vendrá cuando Jesús será revelado y el establecerá su administración sobre la tierra.

El ministerio de Jesús demostró el Reino de Dios en acción. El apóstol Pedro describió en Hechos 10:38: “…le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando á todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él.” Es este el mismo Reino que Jesús le dijo a sus seguidores que debían demostrar en nuestro mundo hoy: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre,” Juan 14:12.

Jesús nos enseñó a seguir su reino antes de proveer a nuestras propias necesidades de comida, vestido y refugio. Es su deseo que subordinemos nuestras actividades a sus asuntos, y luego como resultado, nuestras necesidades serán provistas.


El primer paso en llevar a cabo el plan de Dios en nuestras vidas es recibir el regalo de la vida eterna. Si no has recibido la vida eterna, pídele a Dios ahora mismo para que te la conceda por medio de la fé: “Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salvación,” Romanos 10:9-10. Haz esta oración creyendo en tu corazón:

Señor Jesús:
Ahora me arrepiento de mis pecados y me vuelvo a tí. Creo que moriste en la cruz por mi y resucitaste de la muerte para pagar el precio de mis pecados. Recibo ahora el regalo de la vida eterna y te recibo como Señor de mi vida. Gracias Jesús.

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